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CONFERENCIA NACIONAL DE LA
ALIANZA NACIONAL PARA TERMINAR CON LA CARENCIA DE HOGAR
Washington, DC

"Tomar el problema que 'no se puede resolver'"
Comentarios preparados para ser presentados por el
Secretario Mel Martínez

Viernes 20 de julio de 2001

 

Gracias, Nan, por esa generosa presentación. La gente sin hogar hoy tiene una voz más fuerte gracias a su buen trabajo, y las desinteresadas contribuciones de Susan y Eli. Les damos las gracias.

A todos ustedes, bienvenidos a Washington. Aprecio su cálido saludo. Si el tamaño de esta audiencia indica algo, parece que la conferencia nacional es un gran éxito.

El pararme frente a una audiencia tan grande me recuerda que el éxito hoy en día muy a menudo se mide en cifras. La familia que está ahorrando para comprar un nuevo automóvil suma cuánto han logrado guardar, y cuántos meses más deberán ajustarse los cinturones. El gerente de un teatro que acaba de aumentar las entradas calcula si este movimiento le está reduciendo la clientela. El corredor calcula cuántos segundos le sacó a su milla, y cuántos más faltan para poder competir.

El éxito o el fracaso se definen midiendo la distancia entre el punto de partida y el de llegada. Y ninguna ciudad se concentra más en cifras y resultados que Washington.

Eso debe ser frustrante para ustedes, los hombres y mujeres que trabajan para la gente sin hogar, porque las cifras por sí mismas no cuentan la historia. Aunque logran un éxito notable, todos los días, siempre hay otra persona sin hogar esperando ocupar el lugar de aquella que acaban de rescatar de la calle. Si alguien calculara la cantidad de gente sin hogar al amanecer y volviera a contarlos al atardecer, podría pensar que no se ha progresado mucho.

Entonces les contaría sobre Felecia.

Cuando llegó al programa de vivienda transitoria Partner Arms, uno de nuestros socios religiosos aquí en Washington, Felecia estaba en crisis. Se había convertido en madre a los 16, se había casado a los 17 y su marido la había abandonado a los 18, luego de abusar de ella física y emocionalmente. Sus parientes políticos e incluso su propia familia le habían dado la espalda. No había completado la enseñanza secundaria. Y era inmigrante sudamericana, forzada también a sufrir las barreras culturales.

Felecia no tenía adónde ir, hasta que Partner Arms la tomó.

Gracias a su propia determinación y a la orientación de un atento personal de trabajo de caso, Felecia tiene ahora la vida que siempre imaginó. Sólo dos años después de perder casi todo, Felecia terminó la escuela secundaria y seguirá estudiando en la facultad. Tiene un trabajo de tiempo completo. Y un auto. Y ahora también es residente legal de los EE.UU.

Casi olvido mencionar que acaba de comprar una vivienda de cuatro dormitorios. Felecia está obviamente en camino de vivir el sueño americano.

Hay Felecias en todas las comunidades, individuos que son olvidados en el enfoque nacional de los resultados mensurables, pero que están llevando vidas productivas y satisfactorias porque se confiaron al cuidado de personas como ustedes. He visto con mis propios ojos con qué devoción trabajan en la causa de terminar con la carencia de hogar. Los felicito por su pasión. Les agradezco su compromiso. Y el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano está junto a ustedes como socio.

Hay quienes desahucian a la carencia de hogar, calificándola como el problema "que no tiene solución". No nos hemos convertido en el líder mundial en medicina, tecnología, transporte, electrónica y manufactura relegando nuestros problemas nacionales más apremiantes al recipiente de "no tiene solución". No nos hemos convertido en un símbolo para cualquiera que busca una vida libre y productiva abrazando el lema de "no tiene solución" como principio guía.

Les prometo esto: cuando se trate de la gente sin hogar, las palabras "no tiene solución" no formarán parte de nuestro vocabulario dentro del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano.

El 25 de mayo de 1961, el Presidente Kennedy declaró que era "hora de un nuevo gran emprendimiento americano" y lanzó el desafío, "antes de que termine esta década, el hombre pisará la luna, y regresará sano y salvo a la tierra". Y menos de diez años después, lo hicimos. Fue un logro notable.

La alianza Nacional para Terminar con la Carencia de Hogar ha delineado un plan para terminar con la carencia de hogar en diez años, en más o menos el mismo tiempo que llevó a los Estados Unidos dejar de ser el segundo en la carrera del espacio, y convertirse en la nación que recibió de regreso con orgullo a sus astronautas con un desfile masivo en Broadway.

El desafío para terminar con la carencia de hogar es igualmente importante, pero también lo es nuestra determinación. Por lo tanto hoy, digo que es hora de dedicarnos al próximo "nuevo gran emprendimiento americano". Es hora de comprometer los talentos y los recursos con que la nación ha sido bendecida en la tarea de brindar el apoyo adecuado, y encontrar viviendas, viviendas permanentes, para la gente que carece crónicamente de hogar.

No es una meta imposible. Ustedes tienen una increíble riqueza de experiencia en este trabajo, y ya han logrado muchísimo en cuanto a satisfacer las necesidades de la gente sin hogar en nuestro país. Sus organizaciones están fuertemente enraizadas en nuestras comunidades, construidas a menudo sobre la fuerza de la fe, y han sido socios activos junto a nosotros, apuntalando el dinero del gobierno federal con contribuciones de origen estatal, local, privado y voluntario.

No voy a pararme aquí a citar montones de estadísticas y cifras de presupuesto, porque ustedes las conocen mucho mejor que yo. Pero hay dos cifras en las que sí quiero detenerme por un momento: 600,000 y 13 mil millones.

Hoy, por lo menos 600,000 personas en este país carecen de hogar en una noche cualquiera, incluyendo una cantidad significativa de familias con niños. Transportémoslos a un solo lugar y llenarían la ciudad de Memphis, la decimoctava zona metropolitana más grande de los Estados Unidos. Poblarían las ciudades de Anaheim y Toledo juntas. Llenarían diez veces el Seattle Kingdome.

Luego hay otra cifra, 13 mil millones. Desde 1987, el gobierno federal ha canalizado más de $13 mil millones para aliviar la difícil situación de la gente sin hogar, y sí, hemos hecho algún bien. Hemos hecho algo por los individuos, hemos puesto bajo techo a muchos que de otro modo no tendrían refugio. Pero no hemos progresado mucho.

Es hora de que el gobierno federal deje simplemente de mantener el status quo e invierta en soluciones más permanentes al desafío de la carencia de hogar.

Como proveedor principal de asistencia del gobierno federal destinada a la gente sin hogar, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano tiene la función federal más importante en la búsqueda de vivienda para la gente sin hogar. Eso es adecuado: tenemos 36 años de experiencia ayudando a los estadounidenses a encontrar un refugio seguro y a precio razonable. Los fondos de HUD para la gente sin hogar representan casi tres cuartos de toda la asistencia federal destinada a la gente sin hogar.

Estamos orgullosos de que HUD tenga un impacto positivo importante en las comunidades del país.

Pero HUD no es la única agencia federal que dedica recursos a la gente sin hogar. Lo hacen siete más. Entre todas, administramos 50 programas que ofrecen asistencia a la gente sin hogar, y muchas de ellas ofrecen el mismo tipo de servicios.

Por ejemplo, HUD ofrece dos programas separados que se pueden utilizar para suministrar alimentos y asistencia en nutrición a la gente sin hogar. El Departamento de Sanidad y Servicios Humanos [Department of Health & Human Services, (HHS)] tiene siete, USDA tiene diez, la Administración de Veteranos [Veteran Administration, (VA)] , tres, y así sucesivamente. HUD administra once programas que involucran vivienda, refugio o asistencia de alquiler para gente sin hogar. HHS tiene ocho, e incluso VA y FEMA tienen programas de vivienda independientes.

Ahora, el hecho de que existan estos esfuerzos aparentemente superpuestos no es necesariamente el problema, porque a menudo no se superponen en absoluto. En muchos casos, estas agencias se concentran en áreas específicas que son sólo para sus propios distritos.

El problema es que estos programas existen con un poco de (pero no suficiente) cooperación entre las agencias. Y esta falta de coordinación termina perjudicando a los hombres y mujeres sin hogar a quienes tratamos de ayudar.

Como William, por ejemplo, que vivía en un programa de vivienda para gente con SIDA financiado por HUD en Ohio. William tenía un trabajo de tiempo parcial con pago mínimo, pero sin seguro de salud. Cuando solicitó Medicaid, tuvo que probar que tenía gastos por prescripciones mensuales que no podía afrontar. El problema era que sin Medicaid, no podía comprar las prescripciones en primer lugar, y sin pruebas del gasto en prescripciones, no podía acceder a Medicaid. William se vio obligado a seguir sin su medicación varios meses, hasta que un administrador de caso finalmente resolvió el problema.

Ustedes habrán oído historias como ésta bastante a menudo.

La Oficina de Contaduría General (General Accounting Office) estudió la respuesta federal a la carencia de hogar en 1999. Llegó a la conclusión de que "aunque se está generando cierta coordinación, y la mayoría de las agencias que administran programas destinados a la gente sin hogar han identificado que tienen la responsabilidad de entrecruzar información... las agencias aún no han descrito cómo coordinarán o consolidarán sus esfuerzos a nivel estratégico".

He estado examinando nuestro enfoque sobre este problema desde que el Presidente Bush me designó para liderar el Departamento de Vivienda y Desarrollo. Estoy convencido de que la cooperación entre agencias es clave para maximizar nuestro compromiso con la gente sin hogar.

HHS, por supuesto, ofrece la mayor parte de los fondos para la gente sin hogar fuera de HUD. Me reuní anteriormente con el Secretario Thompson, y está de acuerdo conmigo en que la forma en que hemos hecho las cosas en el pasado no es el mejor camino a seguir en el futuro. Hemos acordado formar una fuerza de trabajo conjunta entre nuestras dos agencias para estudiar y reforzar la forma en que cooperamos para ayudar a la gente sin hogar. Le hemos dado libertad a nuestro equipo para considerar los viejos problemas de formas nuevas y creativas.

Las reuniones continúan, pero están empezando a emerger ideas interesantes.

Como primer paso para mejorar el suministro de servicios a la gente sin hogar, les anuncio hoy que estamos reactivando el Consejo entre Agencias para la Gente sin Hogar (Interagency Council on the Homeless).

Yo presidiré el Consejo. Comprendo que el trabajo siempre es para el Secretario de HUD, lo que significa que no tenemos que someterlo al voto del Consejo. Yo estaba dispuesto a salir a hacer campaña si hubiera sido necesario, y no daba nada por descontado. Estoy en Florida, donde tenemos mucha experiencia en recuentos de votos.

El Consejo se estableció bajo la Ley McKinney de 1987 para ayudar a racionalizar nuestro enfoque hacia la gente sin hogar, coordinando los esfuerzos de 16 agencias federales y otros grupos designados. Sin embargo, el Consejo completo no se ha reunido en más de cinco años.

Es tiempo de despertar nuevamente esta herramienta invalorable y ponerla a funcionar otra vez, en la planificación y coordinación de los programas federales para gente sin hogar, reduciendo las repeticiones, recomendando mejoras y ofreciendo asistencia técnica a nuestros socios a nivel comunitario. Al concentrarnos solamente en nuestra respuesta a la gente sin hogar, y revisar cada actividad y programa relacionado en el que esté involucrado el gobierno federal, el Consejo y su personal de tiempo completo se beneficiarán desde una perspectiva que ninguna agencia podría tener por sí sola.

En general, la fuerza de trabajo conjunta cree que la mejor forma de ayudar a la gente que carece de hogar en forma crónica es que HUD concentre sus recursos en suministrar viviendas permanentes, y que HHS se concentre en los servicios de apoyo que ellos brindan. Pero no hemos decidido cómo lograrlo, y es muy temprano para saber si habrá transferencias de programas de una agencia a otra.

Escucharemos sus opiniones mientras estas discusiones continúan, y sobre todo, nos guiaremos por el sentido común.

HUD debe mantener los recursos que tiene para brindar el refugio que sólo nosotros podemos brindar. Si nos concentramos en nuestra misión principal, también debemos esperar que HHS brinde los servicios que le corresponden. Permítanme ser claro: nuestra meta es maximizar nuestros recursos, y ser tan eficaces como podamos en el financiamiento de todos nuestros programas.

Aparte de las tareas de la fuerza de trabajo, he delineado cuatro pasos adicionales que pensamos dar en HUD para pulir y mejorar nuestro enfoque hacia la gente sin hogar.

Número uno: proponemos cambios legislativos que pondrán en funcionamiento nuestros fondos de asistencia para la gente sin hogar, apoyando la misión central de HUD: el desarrollo de vivienda.

Las barreras estatutarias que realmente desalientan el uso del dinero de HUD para la gente sin hogar son un subproducto infortunado de la Ley McKinney-Vento. Estamos preparando legislación para quitar esas barreras. Al mismo tiempo, estamos bosquejando enmiendas que brindarán incentivos reales a nuestros solicitantes, para buscar una porción más grande del servicio de apoyo de los programas principales de HHS.

Cuando se promulguen, el impacto combinado de estas propuestas nos permitirá expandir significativamente el uso del dinero de HUD para proporcionar viviendas a la gente sin hogar.

El siguiente desafío para resolver el "problema que no tiene solución" es trasladar a la gente que carece de hogar en forma crónica a viviendas permanentes y con cuidado permanente. Éste es el segundo paso.

Muchos de los hombres y mujeres que carecen de hogar hoy tienen necesidades especiales, o enfrentan circunstancias personales extremas que los impulsan a entrar y salir de la calle. Algunos incurren en abuso de sustancias. Algunos sufren de enfermedades mentales. Otros han perdido su red de contención de familiares y amigos o carecen de preparación laboral mínima.

Lo que tienen en común es que cuando no hay lugar en el refugio para gente sin hogar, o se termina la vivienda transitoria, muchos no tienen adónde ir excepto regresar a la calle. Sus vidas son como puertas giratorias que una y otra vez los conducen a la calle, y a la falta de esperanza.

Necesitamos un nuevo enfoque, uno que demande resultados permanentes, no sólo victorias aisladas que sumen a un progreso real pequeño.

En HUD trabajaremos en estrecha colaboración con nuestros socios a nivel de la comunidad, el estado y el gobierno federal para concentrarnos en que nuestros subsidios para viviendas permanentes terminen el ciclo de la falta crónica de hogar. Nuestra meta debe ser ayudar a esta gente a controlar sus circunstancias y a vivir con dignidad.

Como tercer paso para confrontar este problema, daremos tanta prioridad a la meta de prevenir la carencia de hogar como a la de albergar a los que ya están en las calles.

La Alianza ha sido una firme defensora de "cerrar la puerta principal" de la carencia de hogar. Eso significa asegurar que los individuos que pasan por los principales servicios sociales (como los sistemas de salud mental, bienestar social y justicia criminal) no salgan de esos servicios para regresar a la calle. La idea es que ayudar a esa gente a recomponer su situación antes cuesta menos, y genera menos impuestos al sistema, que respaldarlos como miembros de la población de gente sin hogar.

HUD administra una cantidad de programas que afectan a la gente "potencialmente" sin hogar. Por ejemplo, los beneficiarios de nuestros Subsidios para Refugio de Emergencia pueden dedicar hasta un 30 por ciento de los fondos a esfuerzos de prevención de la carencia de hogar. Esto puede incluir costear alquileres y facturas de servicios para familias que corren riesgo de sufrir desalojos o cortes de servicios, pagar depósitos de garantía y financiar servicios legales.

Sin embargo, menos del 10 por ciento del dinero de los Subsidios para Refugio de Emergencia se utilizan para actividades de prevención de la carencia de hogar. HUD trabajará para resaltar su disponibilidad y utilidad, poniendo énfasis en la prevención de la carencia de hogar en futuras teleconferencias nacionales.

Estoy de acuerdo con ustedes en que la prevención es el mejor remedio. Me alienta su entusiasmo por explorar nuevas soluciones. Y estoy abierto a estudiar sus ideas, y cómo se las puede poner en funcionamiento en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano.

Y finalmente, al mismo tiempo, estamos trabajando más de cerca con nuestros socios a nivel federal para servir mejor a la gente sin hogar, queremos llegar a más organizaciones religiosas que están cerca de la gente sin hogar. Éste es el cuarto paso.

Sé por experiencia propia que cuando la gente se junta por la fe, puede lograr grandes cosas. El Presidente Bush está decidido a aprovechar la gran reserva religiosa del país.

En enero, estableció la Oficina de Iniciativas Religiosas y Comunitarias de la Casa Blanca (White House Office of Faith-Based and Community Initiatives), y designó a HUD como una de las agencias principales para realizar este trabajo. Es un honor para nosotros: ninguna otra agencia en todo el gobierno federal ha establecido una asociación más grande que la que existe entre HUD y las organizaciones religiosas que trabajan para combatir la carencia de hogar. Sólo el año pasado, hemos financiado más de 400 proyectos distintos. Recibieron poco más de $140 millones en fondos de asistencia para gente sin hogar de HUD.

Dentro de HUD, hemos creado un Centro para Iniciativas Religiosas y Comunitarias que está trabajando para fortalecer estas asociaciones y construir nuevas alianzas entre los distintos niveles del gobierno y las organizaciones locales. Nuestra primera tarea ha sido identificar las barreras que tornan difícil para muchos competir por los recursos gubernamentales. Presentaré el informe de HUD al Presidente la próxima semana.

Como dijo el Presidente hace poco en Notre Dame, "el gobierno debe ser lo suficientemente activo como para financiar servicios para los pobres y lo suficientemente humilde como para dejar que la buena gente de las comunidades locales brinde esos servicios".

Sí, podemos ayudar a apuntalar el trabajo de los defensores de la gente sin hogar en nuestros vecindarios, ofreciendo estructura y financiamiento, sin destruir las cualidades comunitarias esenciales que los hace tan efectivos.

Con un nuevo enfoque en la cooperación entre agencias, la ayuda a la gente sin hogar, la prevención de la carencia de hogar en lugar de sólo tratarla y la formación de nuevas asociaciones que alienten mayores beneficios, estaremos mejor munidos para tomar este desafío. Ustedes no lo lograrán solos. El gobierno federal tampoco lo logrará solo. Pero juntos, tenemos una oportunidad.

La gente sin hogar ocupa un lugar especial en mi corazón, porque comprendo que muchos de ellos no pueden controlar las circunstancias en las cuales se encuentran. Antes de venir a Washington, mi esposa Kitty y yo trabajábamos a veces con la Coalición para la Gente sin Hogar de Florida. Recuerdo un año en particular, cuando acompañamos a unos amigos en un refugio local y ayudamos a servir la cena de Acción de Gracias. Uno hubiera esperado que los ánimos fueran sombríos, y había un poco de eso. Sin embargo, en los ojos de muchos de esos hombres y mujeres, y especialmente de los niños, vi esperanza y la expectativa de que vinieran cosas mejores.

Ellos cuentan con nosotros.

Sí, se necesitará optimismo, y una buena dosis de fortaleza, paciencia y persistencia, para combatir la falta de hogar en nuestras ciudades. Pero estas son cualidades que los estadounidenses tienen en abundancia. Y cada vez que hemos puesto nuestro corazón en un gran propósito nacional, lo hemos logrado.

Guiados por la compasión y el sentido común, esta vez también podemos lograrlo.

Gracias por su dedicación, que Dios bendiga su trabajo.

 
Contenido actualizado el 24 de julio de 2008   Siga este enlace para ir a  Volver al inicio   
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